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10.12.2008
"Vivirás condenado al eterno ensayo de una vida absurda, esperando, secretamente, que algo o alguien te sacará de allí. Te pensabas demasiado exigente para que el mundo te entendiera. Tenías sueños aunque demasiado ocultos. Sólo los escuchabas cuando nadie podía verte; pero tu máscara se burlaba de ellos dando razón al absurdo de su comedia. Ni siquiera supiste trazar tu tan anelada independencia. Con cada nueva desconfianza hacia los demás, reflejo de la tuya propia, cortabas amarras de responsabilidad y aumentaba así tu vieja y fría soledad. Tu aislamiento estaba bien guardado. Incluso de eso culpabas a los demás.
Me pregunto qué habitaría aquellas horas de soledad estéril, qué será aquello que te hacía buscarla y sentirla, aquello que, de verdad, te importaba. En medio de aquel aislamiento había una desesperada necesidad de gente. Más que buscar compañía, parecías perseguir la anulación de tu personalidad a través de farsas para adueñarte de historias que soñabas protagonizar.
Sería demasiado horrible pensar que nunca amaste de verdad, que sólo amaste las historias que para tus pasiones inventadas, aquellas que terminaban cuando la vida no se ajustaba a tu guión y que siempre giraban entorno al enamoramiento y, el enamoramiento, después de todo, es una ilusión. Tu silencio estaba muerto. Escondía una creatividad frustrada y fosilizada. El miedo al equívoco que acalla la boca (y otras cosas), siempre que no se trate de asuntos bien ajenos, también niega la posibilidad de adivinarte. Qué idea tan extremadamente ridícula, pensar que la expresión de la propia persona y de sus estados del alma es algo reservado a una “profesión”.
El apego incondicional a nuestro personaje nos impide fluir en busca de mutaciones a nuestro yo.
Te limitabas a predicar supuestas verdades que nunca practicabas. Cuando tocabas fondo, no por profundo sino por vano, te rodeabas de una impenetrable red de distracciones y de inútil estar ocupado, engañándote con que “aquello” era tu vida. La vida confundida con el confortable mundo de las cosas y con los llevaderos días-a-ras-de-suelo en los que no hay grandes alegrías, pero tampoco grandes decepciones. En los que nada muere y nada nace.
Encontraste esa pasión tuya por la tristeza que te estimulaba en lo más íntimo. El culto al falso sacrificio te seducía. Tú ya no eras tú sino aquello que tenías y aquello que pensabas, y aquel personaje ya no te gustaba. Nadie podía salvarte. Tenías que empezar a desprenderte de tu llamada personalidad y para ello deberías morir un poco cada día. "
NONA RUBIO. -------------------------------------------------------------------------------------------- Pillado de: http://www.patatabrava.com/blogs/creue/autoresponsabilidad__morir_cada_dia_-t1808.htm . . . . . . . . Me siento anulada.
Listening to: Stop crying your heart out - Oasis
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